Tuesday, September 26, 2006

Segundo Ciclo de Cine Video Indígena


Presentación

Quinientos catorce años atrás, la expedición de Cristóbal Colón llegó a las costas de una isla, que más tarde se supo era un nuevo continente. Fue el encuentro de dos culturas que habían coexistido en un mismo planeta por siglos sin conocerse y que permitió -con mucha sangre de por medio- crear un nuevo mundo: América.
Este “día de celebración” podría tomarse como el día en que los países latinoamericanos recuerdan a sus etnias aborígenes que tuvieron que sufrir el impacto de la Conquista española. Sin embargo, este día pasa como un día festivo más para la mayoría de los latinoamericanos, y es tiempo de que comencemos a darle una connotación especial, que nos lleve a reencontrarnos con nuestros antepasados y buscar una identidad propia, inexistente hoy en día.
Es por esto, que hemos querido realizar un aporte sociocultural, entregando al público que se interese, filmaciones de películas y documentales con temáticas indígenas, y que posterior a su visionado podamos establecer foros que generen el interés que debería tener nuestra historia, además de generar redes de contactos en el tiempo, con la que continuemos de alguna otra manera estudiando la realidad de nuestros antepasados étnicos.


Programa

Lunes 9 de Octubre : La Cruz del Sur, Dirección : Patricio Guzman.
Presenta una visión sobre la teología de la liberación y la religiosidad popular en América Latina. A partir de esta perspectiva, el documentalista retoma lo que Eduardo Galeano explicaba sobre América Latina: es como una mano, todo está profundamente ligado, hay una comunicación natural.

Martes 10 de Octubre : El Fuego y la Palabra, Dirección : Fernando León.
Los diez años que el Ejército Zapatista dedicó a prepararse y los diez siguientes, los de lucha armada, son retratados desde la propia selva y en campamentos por una periodista en el libro El Fuego y la Palabra. Este documental es el acompañamiento de este libro y que se enmarca dentro de la campaña EZLN: 20 y 10 de la revista Rebeldía órgano difusor del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, que recolecta fondos para las Juntas de Buen Gobierno Zapatistas.

Miércoles 11 de Octubre : Aguirre, la ira de Dios, Dirección : Werner Herzog.
La fascinante historia de Lope de Aguirre, el desquiciado conquistador español del siglo XVI, quien luego de separarse de la expedición de Gonzalo Pizarro, intentó descubrir la mítica ciudad de El Dorado, perdida en la inmensidad del Amazonas. A medida que el explorador lleva a sus hombres a una muerte segura, el film enfrenta al espectador a perturbadores temas como el imperialismo y el fanatismo religioso.

Jueves 12 de Octubre : El Despojo (ÜXÜF XIPAY), Dirección : Dauno Totoro.
El documental ÜXÜF XIPAY expone en múltiples dimensiones el proceso de resistencia del pueblo mapuche a lo largo de los últimos 120 años, desde seis bloques o unidades temáticas : “WallMapu” (el territorio antiguo), "La Reducción", "Reforma y Contrarreforma", "Caminos Cerrados", “País Forestal" y "El Movimiento".
El documental intenta mostrar que las propuestas de lucha de resistencia se pueden resumir en sólo dos:
La primera es la impulsada por numerosas organizaciones que tienden a establecer pactos de "gobernabilidad", o alianzas "instrumentales" con los expoliadores.
La segunda propuesta o estrategia, considerada "rupturista" por el resto de las organizaciones mapuche, y "terrorista" por el Estado y el empresariado nacional, es la que se plantea el camino de la "lucha de liberación del pueblo mapuche". Es la que busca la autonomía de este pueblo con base en la existencia de territorios liberados y autónomos en los que recrear, resurgir, reinventar y proyectar a futuro la esencia del ser mapuche.


¿Día de la Raza o del racismo?[1]

Hay un hermoso bosque de araucarias argentadas, allá, en las cumbres cordilleranas del valle de Quinquén. Y no las pintaron de plata dioses antiguos cuando jugaban extasiados entre el viento y la nieve, sino que sus inermes ramas fueron cubiertas de un triste manto de ceniza luego de un feroz incendio causado por el forastero una noche cualquiera de otoño. Allá mismo, en el bajo, se halla la laguna Galletue, verde y majestuosa, acariciando con sus aguas las tierras pehuenche. Allí nace el colosal río Bío-Bío, el mismo que se paseó sin máculas serpenteando cerros y quebradas hasta el día en que un grupo de extraños hombres a lomo de piafantes caballos intentó prenderle fuego a su historia. Pero el pueblo mapuche defendió su frontera natural y combatió con furia hasta que el invasor hubo de respetar a aquel pueblo que sólo deseaba vivir en paz. Otros pueblos indígenas de América transitaron por otro derrotero, pues el invasor hispano fue inmisericorde cuando se trató de imponer a sangre y fuego otra cultura, otra religión, otro mundo. Porque de allá venían, desde las sombras del mar y de la noche, ocultando sus rostros tras bruñidos yelmos: quizás por temor, acaso por vergüenza al pensar en la bestial violación de tierra ajena para sembrar la maldita esperma que nos abrumó de espanto, de pestes, tortura y muerte. A ese día de los poderosos, otros poderosos le llaman Día de la Raza y se ríen y congratulan entre banderolas y finas yerbas, mientras que los pueblos originarios del continente bregan simplemente por subsistir en la pobreza, la marginalidad y el abandono. Y son pobres en Bolivia, en México, en Guatemala, en Brasil, en Argentina, en Ecuador, en Colombia, en Perú y en Chile. Son los que sobrevivieron a la matanza conquistadora, pues sesenta millones de hermanos indígenas perdieron su vida durante el descubricidio de América, sin saber desde dónde les disparaban al centro de su sosiego haciendo estallar en mil pedazos su pasado, su presente y todos sus sueños.
A aquel día de violencia maldita, de traición y codicia ilimitada le llamaron Día de la Raza y le transformaron en celebración de cantos y bailes exóticos. Poco importan las horrendas torturas a Tupac Amaru y su familia por el solo delito de haberse levantado contra el imperio español. Poco valen los millares de huérfanos, el coraje y la inteligencia de Leftraru en defensa del territorio mapuche. Lo único que importa es que los ricos de hoy celebren a los ricos de ayer en el nombre del padre, del oro y del espíritu santo. Amén.
Dueños con historia y prehistoria, con sueños antiguos y una dignidad a toda prueba. Y no basta con recordar su valentía en su lucha contra el conquistador, ni con la existencia de algunas calles o centros comerciales con nombres indígenas en el barrio alto de la capital. Tampoco con designar el 24 de junio como el día de los pueblos indígenas, puesto que toda la legislación elaborada por el Estado chileno desde el siglo XIX está destinada a la asimilación o integración marginal de los pueblos originarios a la sociedad chilena. Además, claro está, de las políticas de exterminio directo llevadas a cabo por agentes del Estado y particulares en contra, no sólo del pueblo mapuche, sino también contra otros pueblos como los Yámana, Kaweskar o Selknam. Es por eso que el infame Día de la Raza, en realidad, se ha convertido en una expresión de racismo sistemático que forma parte de la cultura chilena, como las conductas homofóbicas y machistas de amplios sectores sociales. Es que las clases dominantes emancipadas de la corona española a comienzos del siglo XIX impusieron una identidad chilena, artificial y antojadiza, que denostaba lo indígena y exacerbaba lo europeo. No obstante, aunque les duela a los aristócratas de ayer y de hoy, la inmensa mayoría de los chilenos tenemos sangre morena y terrosa y, por lo mismo, indígena. Por lo tanto, en este día y todos los días nuestro saludo solidario debe ir hacia los pehuenche del Alto Bío- Bío, a los presos políticos mapuche que están siendo sometidos a la ley antiterrorista por querer recuperar sus tierras, a los estudiantes de los Hogares Mapuche que luchan por condiciones dignas de vida. En este día y todos los días debemos recuperar aquella memoria extraviada en el viento que ulula lágrimas por masacres cometidas en el nombre de una raza supuestamente superior, pero que también rememora la heroicidad de pueblos originarios que ofrendaron la vida por su libertad. Y que lo siguen haciendo hoy, porque la economía de mercado se ha convertido en el nuevo conquistador para quien los indígenas son lisa y llanamente un obstáculo en el camino hacia el lucro y que, por lo mismo, deben ser eliminados. Pero la porfía de los pueblos originarios es milenaria, como su dignidad y su espíritu de lucha, por ello, el Día de la Raza debería denominarse el Día de la Dignidad Indígena.
[1] Fuentes : Mauricio Buendía, Revista Punto Final.